“Hasta hace relativamente poco se creía, a raíz de las investigaciones realizadas en la genética, que la expresión de nuestros genes era inmutable y que, por así decirlo, nuestra historia estaba previamente inscrita en el ADN, generando a posteriori en nuestras vidas una especie de destino, que en cualquier caso era ineludible. Recientes descubrimientos en la ciencia de la Epigenética nos muestran que esto no es así, sino que podemos modificar la manera en la que se expresan nuestros genes, dependiendo de la forma en la que nos relacionemos emocionalmente con el entorno. Nuestro destino pasa entonces a estar en nuestras manos, haciéndonos, por tanto, responsables de la vida que vivimos. ” (Enric Corbera)

Según este nuevo enfoque, las experiencias traumáticas de nuestro pasado así como las de nuestros ancestros dejaron una suerte de heridas moleculares adheridas a su ADN que fueron trasmitidas a través de la herencia genética hasta nosotros. Cada raza y cada pueblo, así, llevaría inscrito en su código genético la historia de su cultura. En nuestro caso, nuestra reciente Guerra Civil, que grabó las vidas de toda una generación, todavía muy influyente en nuestros presentes. Y en el terreno de la Afectividad, hemos heredado modelos patriarcales de desequilibrio en el Valor y Derechos atribuidos a Hombres y Mujeres, que ha ido evolucionando en las recientes generaciones hacia un desequilibrio de Valor y Derechos entre lo Mental/Físico y lo Emocional/Sutil en toda nuestra Cultura, puede seguir evolucionando si nos ofrecemos disponibles a revisarlo y acompañarlo en cada Persona.

Desde la perspectiva transgeneracional, las experiencias de nuestros ancestros modelan nuestra propia experiencia de mundo no solamente a través de la herencia cultural sino a través de la herencia genética. El ADN no cambia propiamente, pero las tendencias psicológicas y de comportamiento se heredan: así, puede que no sólo tengamos el tipo de pelo de un abuelo, sino también algún rasgo derivante del miedo que él vivió por causa de la guerra, o su manera particular de vivir el amor en su momento cultural-histórico.

A través de nuestra experiencia en las sesiones de psicoterapia, se constata que la solución para cualquier comportamiento insatisfactorio que vive el cliente, para ser eficaz, debe actuar al mismo nivel de existencia que el origen del problema.

Cuando el origen de un comportamiento que vivimos como insatisfactorio en nosotros se ha originado en otra generación y ha llegado hasta nosotros a través de la herencia genética, las herramientas que elijamos para transformar el comportamiento insatisfactorio deberán poder acceder al orígen de la información que lo generó, solamente desde ese lugar en nuestro sistema nervioso se podrá abrir una nueva vía que sustituirá la conducta antecesora.

La buena noticia de estos descubrimientos consiste en entender que del mismo modo que ellos grabaron en su ADN sus vivencias llegando hasta nosotros, nuestro ADN sigue siendo completamente mutable a través de nosotros y gracias a nuestros cambios de vivencias, comprensiones y emociones, la vida podrá seguir evolucionando a través nuestro. Es por este motivo que deseamos compartir la comprensión de que la exploración y el acompañamiento transformador de la propia información genética debilitante modificará el nivel de bienestar personal en nuestra vida, y al mismo tiempo, a través de nuestra descendencia, será nuestra aportación para participar de la evolución positiva de nuestras culturas y especie.

Con el Método MACMA podemos encontrar el origen en nuestro árbol genealógico aquellos bloqueos que han condicionado nuestro comportamiento a nivel de ADN, y a través de la toma consciente de esta información, la información se podrá transformar de raíz y provocará que contactaremos con una emoción y una vivencia nuevas, que van a promover una conducta automaticamente nueva. A su vez, este fenómeno tendrá un nuevo efecto modificante en la programación de nuestro ADN, información que podrá ser transmitida a nuestros progenitores cuando posteriormente tengamos nueva descendencia.